Poema

EN LA TUMBA DE MACHADO

Desde el cálido nicho de la tierra,
cobijo en el final de tu camino,
sigues mirando con ojos vacíos
El espíritu de las dos Españas.

Tu calma sonrisa aguarda,
todavía confiada,
un feliz fin de una guerra.

Ora pro nobis, duende machadiano,
lánzanos arengas de tres colores,
palabras que nos hablen de amores,
del trigo, del amor, de soledades
versos que nos sepan a libertad
romances que floten sobre la mar.

…Apoyados tus descarnados huesos
sobre el pobre bastón que te amortaja,
escribirás por la tarde poemas,
canciones con olor a sal marina
y las colocarás luego, despacio,
saliendo de tus labios un suspiro,
en el hueco marrón que te sustenta.

Bebiste amarga la porción de hielo
que un país de cerrado y sacristía
te sirvió en un cáliz de metralla.
Tu viejo corazón reverdecido
amó hasta el borde mismo de la muerte.

Fuiste, Antonio, un hombre bueno,
fiador de un dios amable,
despojado de oropeles
sin más templo que tu pecho.

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